Los abuelos deben disfrutar de su merecida independencia.

Una familia joven formada por los padres, un niño de 6 años, niña de 4 y un bebé de 14 meses. Los padres trabajan los dos y su economía no es muy buena, a uno de ellos les falta sus padres, por lo que los niños solo tienen unos abuelos.

Estos padres recurren a estos abuelos y cada mañana dejan a sus dos hijos en su casa, ellos todos los días hacen las funciones de padres, es decir, se encargan de los traslados de los dos niños mayores al colegio y del cuidado en casa del pequeño.

Los abuelos, han perdido su libertad, ahora que están jubilados y podrían disfrutar de su tiempo, vuelven a tener la carga de la educación y cuidado de unos niños, que los quieren con locura, pero que no son suyos, y además con el añadido de que ya no son jóvenes y las fuerzas no son las mismas. ¿Hacen bien en dejarles a los nietos?

No soy partidaria de cargar a los abuelos con el cuidado de los nietos de manera fija. Los abuelos están para echar una mano en momentos puntuales, o en todos los momentos que ellos quieran y puedan, pero no de una manera “obligada” y con asiduidad. A menudo ya no tienen ni fuerzas ni salud para esa tarea.

Hay otro problema que suele surgir: cuando tienen todas los días al cargo a los nietos, tienen que llevar una parte muy importante de la educación, del día a día, y los abuelos no están en una situación óptima para desempeñar ésta labor, puesto que no son padres, ni son los responsables de ello. Necesariamente surgirán disputas con los hijos por la educación de los nietos, habrá cosas en las que no estén de acuerdo y esto llevará a conflictos. La educación es un derecho y un deber de los padres y por eso son los primeros responsables de la educación de sus hijos, pero los abuelos no lo son.

Otro punto importante es la bien ganada independencia de los abuelos y su derecho a tener una vida propia, después de haber criado y educado a sus hijos (aunque la educación de los hijos no se acaba nunca). No estamos hablando de egoísmo, sino de que tienen derecho a no tener ataduras obligadas y permanentes con los nietos. Cosa muy distinta es la ayuda y colaboración esporádica. Esta es buena y enriquecedora para los nietos, para los padres y sin lugar a dudas para los abuelos que se sienten útiles y jóvenes de espíritu.

* Cristina Ruiz Ogarrio es licenciada en Pedagogía y diplomada universitaria en Orientación Familiar.